Diego Velázquez flotando entre “La Espuma de Afrodita” y “El Velo Lácteo de la Venus del Espejo”

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Hermafrodita Borghese. Carboncillo sobre lienzo 95 x 130 cm

Dibujo de Fernando Quirós

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Diego Velázquez flotando entre  “La Espuma de Afrodita” y “El Velo Lácteo de la Venus del Espejo”.

Una hipótesis fundamental sobre la bisexualidad de la “La Diosa Venus de Velázquez”.

 

Hace seis meses asistí a un Masterclass que dictó el Crítico de Arte Rodrigo Cañete en Buenos Aires  sobre Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, un pintor que a mi entender poseía un extraordinario conocimiento sensual  y pude observar algunos de los más íntimos secretos que atesora su universo creador.

Siempre me sentí cautivado por las obras que cuelgan magistralmente en el Prado, un museo que visité innumerables veces por haber vivido en Madrid muchos años, y a raíz de esta conferencia pude apreciar una nueva visión sobre el pintor barroco y una chispa se encendió en mí, encarnando un potencial incendiario de nuevas ideas y conclusiones acerca de su obra.

Una de ellas pude arrojar abruptamente y sin filtro esa misma tarde, no sin sentir un pudor descarado y vano.

En ese momento el conferenciante disertaba acerca de La Venus del Espejo y la posible inspiración de Velázquez en el Hermafrodita durmiente ( un ser mitad hombre mitad mujer, vástago de Hermes y Afrodita, (Mercurio y Venus), que Bernini copia en mármol en 1619, a partir de un original anónimo de un escultor griego del siglo II a. C.).

Ambos desnudos, la Venus y el Hermafrodita durmiente nos fascinan ante tanto embrujo que nos convierten en encandilados espectadores, mientras se va infiltrando el enigma de a poco si pensamos o suponemos en la doble identidad de género de la Venus.

En el caso del Hermafrodita ya estaría resuelto el misterio por la notoria coexistencia de ambos sexos, pero no así en la provocativa hipótesis de que el sevillano haya querido insinuar la misma intención, pintando su Venus del espejo de espaldas.

Fíjense que la obra pudo ser pintada antes del segundo viaje de Velázquez a Italia, entre 1649 y 1651, o en Italia mismo, donde podría haber tomado contacto directo con Bernini y engendrarse in situ su seductora influencia con la escultura (1) y desde Italia ser enviada la pintura a España.

Volviendo a la conferencia, justo en ese momento me cayó la ficha y sin tiempo de asimilarlo conscientemente, asocié al velo blanco que vemos en el espacio entre Cupido y la diosa del amor, con la espuma que dejan las olas en el mar.

Sin freno ni consciencia, tomé la palabra para decir que el velo lácteo (2), podría representar metafóricamente la espuma, como en la leyenda  de Venus, diosa del amor, que nació de los genitales del dios Urano… cortados por su hijo Crono y luego arrojados al mar.

Una leyenda que nos regala Sandro Botticelli en una magnífica pintura del año 1484  “Nacimiento de Venus”  (el nombre griego, Afrodita, deriva de Αφρο, “espuma”, y significa literalmente “nacida de la espuma”).

Pero para ser sincero, en realidad fui más austero y aventuré una breve conclusión, expresando que para mí, el velo blanco detrás de las caderas de la Venus del espejo, hace alusión a un “mar de esperma” (3) en referencia al nacimiento en el “mar” de la Venus de Boticelli (obvio que esto no alcancé a decirlo en ese apropiado y preciso momento).

El bochorno pasó rápido, así como el fogoso murmullo del público que se hizo notar en un abrir y cerrar de ojos al escuchar semejante disparate en la sala de conferencias, aunque confieso que hubo varios asistentes que se expresaron a favor, con independencia de lo atrevido y jocoso de mi declaración.

Diego Velázquez, en un acto de arrojo y osadía, pudo haber incorporado por voluntad propia, este nuevo elemento metafórico y así poner en juego un manto de dudas e incertidumbre,  y por lo cual, si fuese realmente intencionado este acto último de pintar el dichoso tul blanco, cambiaría drásticamente el enfoque del desnudo del sevillano ya que aún desconocemos cuál es su enclave ontológico para aseverar categóricamente conclusión alguna.

En mi próxima visita al National Gallery en el Reino Unido, en donde se encuentra colgada la Venus sevillana, espero dilucidar mi sospecha que hace referencia a que el enigmático y albino tul haya sido agregado después de finalizada la pintura por el propio artista y esto hay que decirlo sin rodeos, el velo lácteo fue pintado por Don Diego sencillamente por la soberbia resolución de sus pinceladas (4).

Aunque cabe la posibilidad también que no sea un agregado posterior y lo haya pintado adrede con el conjunto de la obra, exponiendo públicamente con este elemento un acertijo que nos remite a los más primitivos interrogantes acerca de nuestra condición humana original.

Todo lo expuesto hasta ahora provocaría un viraje de ciento ochenta grados en el concepto simbólico de la Venus a raíz de la posible inclusión en sus partes pudendas y sagradas de un nuevo sexo, y así coronar la famosa hipótesis de su real identidad.

 

En la sala XII dedicada a Diego Velázquez , en el corazón del  museo del Prado, tenemos la suerte de admirar una copia en bronce del “Hermafrodito” (5) cuyo brilloso y cobrizo cuerpo está enclavado como un ónfalo del oráculo de Delfos, símbolo del centro cósmico y ombligo del mundo, el lugar donde se creía que había comenzado la creación del universo.

El hecho de la inclusión del Hermafrodito en un sitio clave del museo, ocupando el lugar más relevante en el Prado (6) no es para nada inocente (7) .

Ahora toca esclarecer si existe en Londres  su doble, una Venus del Espejo Hermafrodita (8) como “símbolo de la necesidad final de la unión de los opuestos”.

Pasa el tiempo y de momento lo único que sabemos es que nuestra “Venus del Espejo” yace imperturbable, custodiada aún por negros leones a los pies de la imponente y monumental Trafalgar Square.

 

Buenos Aires 3 de Abril 2016

Fernando  Quirós

 

 

(1) Aunque no hay evidencias de que Velázquez conociera al escultor Bernini, salvo la afirmación de su biógrafo Antonio Palomino*, es más que probable que ambos artistas se encontraran en Roma, quizás ya en el primer viaje de Velázquez.

*Palomino eleva al rango de amistad el trato de Velázquez con algunos de los artistas que residían en Roma, y cita concretamente a los escultores Alessandro Algardi y a Gian Lorenzo Bernini y a los pintores Pietro da Cortona, Mattia Preti y el fancés  Nicolás Poussin.

(2)   La Vía Láctea, su gemelo metafórico.

Existe una poética semejanza entre la vía láctea saturada de estrellas y el manto lácteo de la Venus de Velázquez colmada de espermatozoides.

En la metáfora del “mar de esperma” de la Venus, cabría una comparación simbólica entre el número de estrellas de la vía láctea y  la cantidad  de espermatozoides que puede contener el “mar de semen” de La Venus del Espejo.

Espermatozoide (del griego sperma, semilla, y zóo, animal)

(Los espermatozoides en el semen varían de 50 a 150 millones por mililitro, y el volumen promedio de semen de una eyaculación es de 2 a 5 mililitros…..entre 300 a 750 millones de espermatozoides ).

Este dato es de una persona, si sumamos a todos los hombres que hay hoy día, podemos estar hablando de miles de millones de espermatozoides, entonces podemos hacer una aproximación entre “La Vía Láctea” y su gemelo metafórico “El Velo Lácteo” de Velázquez.

Se calcula que la Vía Láctea contiene entre 200.000 millones y 400.000 millones de estrellas / en el mundo actual hay alrededor de 3.700 millones de hombres….con esta abundancia de datos, alcanza y sobra para crear la metáfora entre espermatozoides versus estrellas.

“Hen to pan” =  “Todo  es Uno”  Lo aparatoso que pueda parecer el macromundo con toda su grandeza, tiene su concordancia con la parte más minúscula o micromundo”.

El nombre Vía Láctea proviene de la mitología griega y en latín significa camino de leche. Esa es, en efecto, la apariencia de la banda de luz que rodea el firmamento, y así lo afirma la mitología griega, explicando que se trata de leche derramada del pecho de la diosa Hera (Juno para los romanos). Rubens representa la leyenda en su obra “El nacimiento de la Vía Láctea”. Sin embargo, ya en la antigua grecia, el astrónomo Demócrito (460 a. C.-370 a. C.) sugirió que aquel haz blanco en el cielo era en realidad un conglomerado de muchísimas estrellas demasiado tenues individualmente como para ser reconocidas a simple vista. Su idea, no obstante, no halla respaldo hasta 1609 d. C.(casi 2.000 años después) cuando el astrónomo italiano Galileo Galilei hace uso del telescopio y constata que Demócrito estaba en lo cierto, ya que adonde quiera que mirase, aquel firmamento se encontraba lleno de estrellas.

La mitología griega cuenta que  Zeus llevó a su hijo Heracles a casa de Hera para que ella lo amamantara mientras la mujer dormía. Sin embargo, a Hera no le gustaba Heracles, principalmente por ser medio mortal y porque era fruto de un amorío de Zeus. Cuando Hera despertó, rápidamente empujó a Heracles a la distancia, lo que provocó que unas “gotas de leche” se derramaran en el cielo nocturno.

(3)   o un oleaje de esperma por su parecido a las olas sobre la orilla que van dejando esa espuma blanca característica.

(4)  Todo esto requiere de un estudio experto y en detalle del área descripta en  la pintura.

(5)   Realizada en 1652 por Matteo Bonarelli, fundidor ayudante de Bernini, trabajó el mármol en San Pedro Vaticano, cuyas medidas son 61 x 160 cm.

(6) El Hermafrodito de Matteo Bonuccelli  se ubica en el  lugar central y más vistoso de la famosa sala XII.

El color cobrizo oscuro del bronce crea una elegante y sutil pátina sobre su cuerpo y así la escultura logra ante nuestros ojos una ceguera inconsciente, un hálito de invisibilidad sobre su verdadero sexo.

(7)   No es inocente, en principio por lo expuesto aquí,  la exhibición del Hermafrodito en la sala XII de Velázquez, con seguridad ha sido premeditada y deliberada, hecho que sería fruto para una nueva investigación a fondo para dilucidar quien o quienes y porque .

(8) Aquí introduzco unos párrafos que pueden poner luz sobre un tema ya clásico sobre la bisexualidad  de la Diosa.

Es un hecho notable el que quízas la mayoría de los dioses cosmogónicos sean de naturaleza bisexual.

El hermafrodita no significa otra cosa que una unión de los opuestos más fuertes y llamativos. Inicialmente esta unidad apunta de regreso hacia un estado primitivo del espíritu, en cuya madrugada las distinciones y oposiciones estaban aún poco separadas o completamente fusionadas. Sin embargo, a medida que aumenta la claridad de la conciencia, los opuestos se distinguen y escinden de modo creciente. Ahora bien, si el hermafrodita sólo fuera un producto de indiferenciación primitiva, debería esperarse que quedara pronto eliminado con el desarrollo de la cultura.

Pero esto no es de ningún modo así; por el contrario, en los niveles de cultura elevados y más altos, la fantasía se ha ocupado de esta idea una y otra vez.

Aquí ya no se puede tratar de la persistencia de un fantasma primitivo, de una originaria contaminación de opuestos. Antes bien, como podemos ver en las obras medievales, la idea originaria se ha convertido en “símbolo unidor”. En su significado funcional, el símbolo ya no señala hacia atrás, sino hacia delante, hacia una meta todavía no alcanzada. Despreocupado de su monstruosidad, el hermafrodita se ha convertido en un superador de conflictos  y portador de sanación, significado que ya alcanzó en niveles relativamente tempranos de la cultura. Este significado vital aclara por qué la imagen del hermafrodita no se extinguió en los tiempos primigenios sino que, por el contrario, supo afirmarse  a través de los milenios con una creciente profundización de su contenido simbólico. El hecho de que una representación tan tremendamente arcaica ascendiera a tal altura de significado no sólo indica la fuerza vital de las ideas arquetípicas, sino que también demuestra la validez de la afirmación de que el arquetipo media como unificador de opuestos entre los fundamentos del inconsciente y la conciencia. Tiende un puente entre la conciencia actual, amenazada de desarraigo  y la plenitud natural, inconsciente e instintiva de los tiempos primigenios. A través de esta mediación la unicidad, singularidad y unilateralidad de la conciencia individual actual se conecta de nuevo con las raíces naturales y tribales. El progreso y el desarrollo no son ideales que haya que rechazar; pero pierden su sentido cuando el hombre llega al nuevo estado sólo como un fragmento de sí mismo, olvidando todo su trasfondo y todo lo esencial en la sombra del inconsciente, en un estado de primitividad o de barbarie. La conciencia escindida de sus orígenes, incapaz de corresponder al sentido del nuevo estado, se hunde entonces con demasiada facilidad en una situación peor que aquella de la que la innovación pretendía liberarla.

En el curso del desarrollo cultural, el ser primigenio bisexual se convierte en símbolo de la unidad de la personalidad, del Yo, donde se apacigua el conflicto de opuestos. De este modo, el ser primigenio se convierte en meta lejana de la autorrealización del ser humano, habiendo sido ya desde el principio una proyección de la plenitud inconsciente.

Del libro “Espejos del Yo” / Imágenes arquetípicas que dan forma a nuestras vidas.

Carl Jung, Joseph Campbell, Marie-Louise von Franz, entre otros. Editorial Kairós/  1993”.

 

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